El barquito de papel
Una tarde de lluvia, Tomás dobló una hoja de papel, así, y así, y así, hasta que se convirtió en un barquito.
Lo puso en el charco del patio y el barquito flotó, moviéndose despacito con el viento. —Buenas noches, barquito —le dijo Tomás antes de entrar a casa.
Cuando Tomás se durmió, el charco empezó a brillar. Se hizo grande, más grande, más grande, hasta convertirse en un mar tranquilo lleno de estrellas.
El barquito de papel navegó por ese mar. Pasó al lado de una isla de nubes donde dormían unos corderitos. Pasó al lado de un pez que brillaba como una linterna. Pasó por debajo de la luna, que lo saludó.
Y en la punta del barquito, sentado con una capa de marinero, estaba Tomás. ¡Estaba soñando que viajaba en su propio barco!
El mar lo mecía suave, como una hamaca. Las olas hacían shhh, shhh. Y las estrellas le mostraban el camino.
A la mañana, Tomás salió al patio. El barquito seguía en el charco, un poquito mojado. Pero Tomás sabía la verdad: esa noche habían viajado juntos hasta el fin del mar.
Fin. Buenas noches 🌙
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