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La princesa y el dragón bebé

2 min de lectura · 4 a 7 años

En lo alto de un castillo rosado, en la torre más alta, vivía la princesa Sofía. Tenía una corona chiquita, un camisón con estrellitas y una ventana desde donde se veía todo el reino.

Una noche, cuando ya estaba por dormirse, escuchó un ruido en el balcón: ¡hip! Se asomó despacito y vio algo increíble. Era un dragón. Pero no un dragón grande y feroz: era un dragón bebé, violeta, del tamaño de un gatito.

—¡Hip! —hizo el dragoncito, y le salió una nubecita de humo por la nariz—. Me escapé del nido porque tengo hipo y no me puedo dormir… ¡hip!

La princesa Sofía, con su corona, abraza a un dragón bebé violeta en el balcón de la torre del castillo, bajo la luna y las estrellas.

Sofía se rió bajito y lo alzó con mucho cuidado. Era tibio, como una taza de chocolate. —Yo sé qué hacer —le dijo—. Cuando yo tengo hipo, mi abuela me canta.

Entonces se sentó en el balcón, lo acunó en sus brazos y le cantó la canción más suave que sabía: «Duerme, duerme, dragoncito, que la luna te cuida un poquito». El hipo se hizo cada vez más chiquito. Hip… hip… hi…

Al rato, el dragoncito cerró los ojos y empezó a ronronear, como hacen los dragones bebés cuando están contentos. Desde el bosque llegó volando su mamá dragona, grande y brillante, que lo andaba buscando.

—Gracias, princesa —susurró la mamá, y se llevó a su bebé dormido. Sofía volvió a su cama, se tapó hasta la nariz y se durmió enseguida. Y esa noche soñó que volaba sobre el reino, arriba de un dragón violeta, entre las estrellas.

💤 Una canción suave puede calmar hasta al dragón más chiquito.

Fin. Buenas noches 🌙

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