La hormiguita y la gota de rocío
Una mañana muy temprano, Ana, una hormiguita trabajadora, encontró algo increíble arriba de una hoja: una gota de rocío redonda y brillante como un diamante.
Adentro de la gota se veía el cielo, las flores y hasta el sol, chiquitito. —¡Se la tengo que mostrar a todas mis hermanas! —dijo Ana.
Con muchísimo cuidado, levantó la gota con sus patitas. Pero la gota se movía, se estiraba y casi se caía. Ana caminó despacito, despacito, por el tallo, por la piedra, por el caminito de tierra.
Justo cuando llegó al hormiguero, el sol calentó fuerte y… ¡fiu! La gota se evaporó. Ana se quedó con las patitas vacías y los ojos tristes.
Pero su mamá hormiga le dijo: —No te pongas mal. Mañana temprano vamos todas juntas a ver el rocío. Así lo vemos en su lugar, donde brilla más.
Y así fue. Al otro día, cuando amaneció, todas las hormiguitas salieron en fila a mirar las gotas de rocío sobre las hojas. Eran cientos, y brillaban como estrellas en el pasto.
Esa noche, Ana se durmió feliz, pensando que algunas cosas lindas no se llevan: se comparten. Y mañana, a la madrugada, el rocío va a volver a brillar.
💤 Las cosas lindas son más lindas cuando se comparten.
Fin. Buenas noches 🌙
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