El T-Rex de bracitos cortos
Rexi era un tiranosaurio naranja, grandote, con dientes grandes y una cola fuerte. Cuando caminaba, el suelo hacía pum, pum, pum.
Pero Rexi tenía un secreto que lo ponía triste: sus bracitos eran cortitos, cortitos. Tan cortitos que no podía rascarse la nariz, ni atarse las zapatillas… ni dar abrazos.
Cada noche, cuando los dinosaurios se iban a dormir, las mamás abrazaban a sus bebés y los amigos se abrazaban para decirse buenas noches. Rexi estiraba los bracitos, pero no llegaba.
Una noche, su amigo Tricera lo vio suspirar. —¿Qué te pasa, Rexi? —Es que no puedo abrazar a nadie —dijo Rexi, bajito.
Tricera sonrió, llamó a todos los dinosaurios del valle y les contó. Entonces vinieron el pterodáctilo, el dinosaurio chiquito y hasta el gran braquiosaurio. Y todos juntos, al mismo tiempo, ¡abrazaron a Rexi!
—Si vos no llegás a abrazarnos —dijo Tricera—, te abrazamos nosotros. Para eso están los amigos.
Rexi se rió tan fuerte que se le escapó un rugido chiquito y feliz. Esa noche se durmió con una sonrisa enorme, rodeado de amigos. Y vos, ¿a quién le vas a dar un abrazo de buenas noches?
💤 Lo que a uno le falta, los amigos lo completan.
Fin. Buenas noches 🌙
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