La tortuga que contaba ovejas
Tita era una tortuga verde con un caparazón lleno de dibujitos. Esa noche daba vueltas y vueltas en su camita de hojas, pero el sueño no llegaba.
—Mi abuela dice que para dormir hay que contar ovejas —pensó Tita. Y salió, despacito, como salen las tortugas, hasta el prado.
Ahí estaban las ovejas, blanquitas como nubes. —Una… —empezó Tita. Pero la oveja número uno bostezó enorme: «aaahhh». Y se acostó en el pasto.
—Dos… —siguió Tita. La oveja número dos se frotó los ojitos y se acurrucó al lado de la primera.
—Tres… cuatro… cinco… —Y una por una, todas las ovejas se fueron quedando dormidas, apoyadas unas contra otras, como un gran colchón de lana.
Tita las miró y sonrió. —Parece que las ovejas también tenían sueño —susurró. El colchón de lana se veía tan suave y tan tibio que Tita trepó despacito hasta el medio, metió la cabeza en su caparazón y suspiró.
Arriba, la luna contaba estrellas. Abajo, las ovejas respiraban tranquilas. Y en el medio, Tita la tortuga dormía, dormía, dormía… Una oveja, dos ovejas, tres ovejas… ¿Cuántas vas a contar vos?
Fin. Buenas noches 🌙
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