La semillita paciente
Debajo de la tierra, en un lugar oscurito y tibio, había una semillita. Era chiquita, redonda y tenía muchas ganas de crecer.
—¡Quiero ser una flor ya mismo! —decía, apretando fuerte. Pero por más que apretaba, seguía siendo una semillita.
La tierra, que era muy sabia, le habló con voz suave: —Semillita, las plantas no crecen apretando. Crecen descansando.
—¿Descansando? —preguntó la semillita, sorprendida. —Sí —dijo la tierra—. Yo te doy calorcito, la lluvia te da agua, el sol te da luz. Vos solo tenés que dormir y confiar.
Entonces la semillita dejó de apretar. Se acomodó en la tierra blandita, escuchó la lluvia que caía arriba, plic, plic, y se quedó dormida.
Y mientras dormía, pasó algo mágico: le salió una raicita para abajo y un brotecito verde para arriba. Noche tras noche, sueño tras sueño, fue creciendo.
Una mañana, abrió los ojos y vio el sol. ¡Era una flor! Una flor rosada y hermosa. Igual que vos, que mientras dormís, crecés un poquito cada noche.
💤 Mientras dormimos, también crecemos.
Fin. Buenas noches 🌙
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