El robot que aprendió a dormir
En la pieza de Lucas vivía Tuerquito, un robot celeste con antenas de resorte, ojos redondos de luz y una lucecita verde en el pecho.
Tuerquito sabía hacer de todo: armaba torres de bloques, contaba hasta mil y bailaba haciendo bip, bip, bup. Lo único que no sabía hacer era dormir.
Una noche, mientras Lucas se ponía el pijama, a Tuerquito se le empezó a poner amarilla la lucecita del pecho. Después, naranja. —Bip… me estoy quedando sin pila —dijo, con voz lenta.
—¡Eso te pasa porque nunca descansás! —dijo Lucas—. Vení, te enseño cómo hacemos los chicos para cargar las pilas.
Primero, se lavaron los dientes: Tuerquito se lustró los tornillos. Después, se pusieron algo cómodo: Tuerquito se sacó las antenas. Y por último, se acostaron y respiraron despacito: aire adentro… aire afuera.
Lucas apagó la luz. Tuerquito cerró sus ojos de luz, y en la oscuridad se escuchó un sonido suave: bip… bip… biiip. La lucecita del pecho se fue poniendo verde otra vez, bien tranquila, como una lamparita de noche.
Desde esa noche, Tuerquito duerme todos los días al lado de Lucas. Y cuando se despiertan, los dos tienen las pilas llenas para jugar. ¿Vos ya estás cargando las tuyas?
💤 Dormir es la mejor forma de cargar las pilas.
Fin. Buenas noches 🌙
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