El leoncito que rugía bajito
Leo era un leoncito naranja con una melena chiquita. Su papá rugía tan fuerte que las hojas de los árboles se movían: ¡GRRROAR!
Leo también quería rugir así. Abría la boca bien grande y hacía fuerza… pero solo le salía: grrr. Un rugido chiquito, chiquito.
—Nunca voy a rugir fuerte —dijo Leo, triste, y se sentó abajo de un árbol.
Arriba, en un nido, había un pajarito que lloraba. —No me puedo dormir —decía—. Hay mucho ruido.
Leo pensó un ratito. Después cerró los ojos y rugió bajito, muy suave, como una canción: grrr, grrr, grrr.
El pajarito dejó de llorar. Bostezó. Y se quedó dormido en su nido. —¡Gracias, Leo! —dijo la mamá pájaro—. Tu rugido es perfecto para dormir.
Esa noche, Leo le contó todo a su papá. El papá león sonrió y le dijo: —Cada uno tiene su propio rugido, Leo. Y el tuyo es muy lindo. Después lo abrazó, y Leo se durmió feliz.
💤 Ser distinto también es algo bueno.
Fin. Buenas noches 🌙
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